Aunque todavía no estés pensando en vender tu empresa, es muy importante que sepas cuál es su valor. De repente, un socio podría anunciarte su salida, o tus familiares deciden dividir la compañía. Además, este dato es imprescindible para solicitar un crédito o atraer a un fondo de inversión.

Para obtener este número, lo primero que necesitas entender es que el valor de tu negocio no siempre va a coincidir con el precio que alguien esté dispuesto a pagar por él. En esto, la relación entre oferta y demanda tiene un gran peso; y si en algún momento decides vender tu compañía tendrás que tener en cuenta factores como la rentabilidad, el crecimiento actual y futuro de tu mercado, y qué tan fuerte está tu competencia.

En este sentido, una valuación nunca será 100% objetiva. Pero lo que sí debemos tener en claro es que se trata de la utilidad o del beneficio que podemos obtener de un negocio en el futuro. Es decir, no tanto de los activos que posee, o de sus ingresos actuales, sino sobre todo de lo que puede generar en el corto, mediano y largo plazo.

Aunque existen diferentes metodologías para calcular el valor de una compañía, la más recomendada por los expertos es la de Flujos de Fondos Descontados (FFD), que es muy utilizada en las finanzas corporativas. ¿Cómo funciona? Con datos sobre los ingresos históricos y actuales del negocio, y el potencial de crecimiento de su mercado, se calcula lo que generará en el futuro. Para obtener un dato más certero, se aplican descuentos para acercarlo lo más posible a los valores actuales: por ejemplo, la inflación, el costo de capital de la parte compradora, o lo que tiene que invertir para poner en marcha el proyecto.

El futuro y sus riesgos

Hay otros metodologías a las que puedes recurrir, pero el problema es que pueden arrojar información errónea. Por ejemplo, el tradicional método de Valuación de Activos toma en cuenta todo lo que el negocio posee (por ejemplo, un terreno, maquinarias, software, etc.) y le descuenta las deudas. La principal debilidad de este razonamiento es que no incluye datos sobre el futuro de la empresa y sus riesgos, aunque sí puede funcionar para una compañía que se está liquidando.

Otro método muy conocido es el de Múltiplos de Ventas Anuales. Por ejemplo, una estética podría valer el equivalente a dos o tres años de sus ingresos. De nuevo, aquí el peligro es no tener en cuenta los escenarios futuros, o simplemente cuál es la estructura de costos y la rentabilidad del negocio.   

Al final, va a ser imprescindible que al momento de hacer este cálculo busques el asesoramiento de tu Contador o de un experto en finanzas. Este ejercicio, además de prepararte para decisiones futuras, podría darte información valiosa sobre la salud de tu empresa, su posición en el mercado y qué tan atractiva resulta hoy para un potencial inversionista. Siempre es mejor estar preparados y hacer la tarea a tiempo.

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