Uno de los problemas de liderazgo más comunes que tiene que enfrentar el dueño de un negocio es qué hacer con un empleado altamente productivo, pero que tiene una mala actitud en el trabajo. Este tipo de perfil puede tener consecuencias muy negativas en el clima laboral, en la operación, y en la relación con clientes y proveedores.

Lo que genera más preocupación en este tipo de situaciones es que el talento y la capacidad de generar buenos resultados son bienes escasos en el mercado. Y por lo tanto, despedir a un empleado por conflictivo no es una decisión fácil de tomar. Es más, en más de una ocasión puede significar un gran error. ¿Qué hacer entonces? ¿Cómo manejar a este tipo de colaborador para mantenerlo en el equipo? ¿Cómo hacer un análisis a fondo y objetivo de la situación? Esto es lo que deberías tener en cuenta.

1. Entiende que puedes cambiar comportamientos, no actitudes

Esto puede sonarte un poco extraño y hasta sorpresivo, pero la realidad es que hablar de “actitud” es muy vago. ¿Qué significa esto para tu empresa? Además, ten en cuenta que muchas personas están convencidas de que su manera de relacionarse es la correcta, sobre todo si cumplen con su trabajo aún mejor que sus compañeros, y no están dispuestos a cambiar.

Lo que debes hacer es enfocarte en los comportamientos. Se trata de algo más concreto, tangible y medible. Y si lo conviertes en una lista o manual de normas, en algo mucho más fácil de comunicar. Por ejemplo, puedes establecer que no está permitido gritar a un empleado, en ningún caso. O que un mail interno debe ser respondido en el mismo día.

Por último, ten en cuenta que las normas de comportamientos deben incorporar las relaciones con superiores, compañeros de trabajo, subalternos, proveedores, clientes y la comunidad en general. Y tanto en el trato personal como en las comunicaciones escritas, a través de medios electrónicos y por redes sociales.

2. Da la misma importancia a los resultados que a las normas de comportamiento

Una vez establecidas las reglas de trato en la empresa, apóyate en el área de recursos humanos para que sean comunicadas a todo el personal. Y pon especial énfasis en su importancia, por el impacto que al final pueden tener en el crecimiento del negocio, y en las consecuencias que tendrá no respetarlas.

Si ofreces bonos o premios especiales por desempeño, incorpora este punto a la hora de la evaluación. Y si es necesario, ten una reunión especial con esos empleados problemáticos para asegurarte de que han comprendido los cambios en la empresa. Es importante que entiendan que tu aspiración es mantenerlos en la compañía por todo lo bueno que aportan, pero que es imprescindible un cambio en su actitud.

3. Toma decisiones cuando sea necesario

Con claridad sobre las normas que deben respetarse, tendrás más elementos para ser objetivo y te alejarás de intrigas internas y chismes. Si alguien en la empresa se muestra poco dispuesto a cambiar, mide el impacto de su salida y busca posible reemplazantes. Mientras tanto, y en caso de algún incidente, dale advertencias sobre su situación y, a la tercera, despídelo. Nadie es irremplazable, y mucho menos cuando está poniendo en peligro el trabajo en equipo.

Ten en cuenta que si no tomas decisiones a tiempo, en el mediano y largo plazo nadie dará una importancia real a las normas. Al final, tu liderazgo se verá debilitado y reinará el desorden. Y si eso sucede, ningún empleado de alto desempeño será capaz de sacar a la empresa adelante.

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