En México, los negocios familiares tienen una larga tradición y una participación muy activa en la economía. Es más, algunos de los corporativos más grandes y emblemáticos del país – como Grupo Bimbo – nacieron en el seno de una familia. Y los hijos o los nietos de los fundadores están hoy están al frente de su operación.

Claro que, por sus propias características, estas compañías enfrentan muchos retos. La mayoría tiene que ver con la búsqueda permanente del equilibrio entre los intereses de la empresa y los de la familia. Y, a veces, de la separación total entre estos dos mundos, que pueden tener objetivos y planes muy diferentes. Por ejemplo, el reparto de utilidades frente a la necesidad de reservar capital para una nueva inversión.

Según diversos estudios sobre el tema, solo el 10% de las compañías familiares mexicanas llegará a ser liderada por la tercera generación. ¿Qué hacer entonces para desarrollar una gestión exitosa y lograr que la empresa trascienda? Lo más importante es detectar por anticipado los conflictos más típicos, para actuar a tiempo o, incluso, prevenirlos. Y son los siguientes.

1. La falta de claridad sobre la situación actual de la compañía

Los mercados cambian a un ritmo cada vez más acelerado. Y lo que quizá fue una exitosa tienda de abarrotes hoy tenga que enfrentar la competencia de las tiendas de conveniencia, que no paran de crecer en los centros urbanos. Muchas veces, los hijos y nietos creen que están trabajando en la empresa próspera que alguna vez fundaron sus padres y abuelos, no tienen en cuenta los nuevos retos y oportunidades, y se instalan cómodamente en una zona de confort. Y toman pésimas decisiones.

2. Una mala comunicación entre los miembros de la familia

Esto no solo tiene que ver con no transmitir información clave, o con una relación tensa entre los directores y accionistas. También con mezclar los temas personales y los de la empresa. Un ejemplo típico es la discusión sobre un problema de trabajo en la comida familiar del domingo, o con permitir la intervención en una charla de parejas, padres o hijos. Una buena comunicación necesita reglas claras, y no dejar que los vínculos personales o cuentas pendientes de larga data afecten la toma de decisiones.

3. No contar con un equipo profesional y preparado

Hoy, ya no es posible que un director general ocupe un cargo solo por ser el hijo o el sobrino del fundador. La mayor competencia en los mercados, la transformación digital y los cambios acelerados en los hábitos de consumo exigen preparación, profesionalismo y liderazgo. Y muchas veces, hay que buscar a la persona que reúna todas esas características fuera del seno familiar, a través de un cuidadoso proceso de selección.

4. No contar con un gobierno corporativo

Una empresa familiar que tiene la vocación de trascender en el tiempo necesita un Consejo de Administración, con consejeros independientes que den su opinión objetiva sobre la marcha del negocio, y aporten su experiencia y contactos para aprovechar nuevas oportunidades de negocios. También es fundamental contar con reglas claras de operación y un plan de sucesión, para determinar cuál será el rol de los fundadores y de la tercera o cuarta generación en la empresa. Éste puede ser un proceso difícil y doloroso, por lo que la recomendación es contar con el apoyo de algún experto en la transformación de empresas familiares.

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