Abrir un negocio con un amigo puede parecer la mejor idea del mundo. El conocimiento mutuo, la confianza y los intereses compartidos son puntos a favor para mantener una buena relación en el tiempo, aún en los momentos difíciles. Sin embargo, son muchas las historias de grandes amistades que se arruinaron por problemas de dinero.

Es importante entender que una sociedad de negocios puede cambiar significativamente la dinámica de una relación personal. Y por eso tenemos que estar conscientes acerca de en qué nos estamos metiendo y cuáles son los riesgos implicados.

En Mi Propio Jefe hablamos con expertos en liderazgo y relaciones personales, y preparamos esta lista de cuáles son las cosas que tienes que evitar si estás pensando en emprender con un amigo. Y son las siguientes.

1. No hablar claramente sobre los objetivos personales de cada socio

Cuando arrancamos un negocio, el panorama es brillante y todo es entusiasmo. Pero a medida que pasan los días, las ventas pueden resultar menores a las esperadas, o la carga de trabajo aún mayor. Si un socio asumió que su rol iba a ser de medio tiempo, o que iba a poder tomarse vacaciones cuando quisiera, entonces se va a generar una fuente de conflicto con sus partners. Por eso es fundamental plantear claramente de entrada qué espera cada uno de la empresa, y qué está dispuesto a hacer por su desarrollo y crecimiento. E incluso cuáles son la misión y los valores que van a regir la compañía.

2. No definir roles

¿Cuál de los socios es el mejor negociador? ¿Quién el creativo, ideal para manejar el departamento de marketing y comunicación? ¿Alguno se lleva mejor con los números? La ventaja de que los socios sean amigos es que se conocen bien, y pueden ver claramente cuáles son las habilidades que mejor los definen. Por supuesto, es clave que la sociedad se forme con talentos complementarios. Y que uno de los socios tenga la autoridad principal en la empresa, para llevar el control y poder, en caso de que sea necesario, tomar la decisión final sobre un asunto.

3. No dejar todo por escrito

Además del acta constitutiva de la empresa y del plan de negocios, los especialistas recomiendan trabajar en un acuerdo que ponga blanco sobre negro cuestiones importantes para la relación de los socios, como los mencionados roles, cuáles serán en principio los nuevos aportes de capital o qué hacer ante la disolución de la compañía. Por ejemplo, ahí puede quedar establecido que no habrá reparto de utilidades durante los primeros cinco años de operación. O que si un socio abandona el negocio antes de los tres años, no tendrá derecho a reclamar el reembolso de su inversión.

4. Arrancar a lo grande

Emprender tiene sus riesgos, y uno de ellos es descubrir que un buen amigo no es un buen socio. Si el giro de la empresa proyectada lo permite, es recomendable empezar de a poco, con una inversión pequeña y un negocio de medio tiempo o fin de semana, que se pueda ir escalando en el tiempo. Así, podrás testear cómo te llevas con tus compañeros en este terreno, confirmar la viabilidad de la sociedad y escalar el proyecto en el tiempo. Por ejemplo, si la idea es abrir un restaurante, la opción sería iniciar con servicios de catering o reparto de comida a domicilio durante los fines de semana.

 

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