Cuando pensamos en la innovación, generalmente la asociamos con grandes marcas como Apple. Empresas que no sólo han transformado industrias enteras con nuevos productos o servicios, sino también la forma en la que compramos o consumimos información.

Pero en el día a día de nuestros negocios, la innovación tiene objetivos más concretos, pero no menos importantes: por ejemplo, enamorar a nuestros clientes. Mejorar nuestra oferta de manera constante, enfocándonos en las necesidades del mercado, es la mejor estrategia para mantener una base de consumidores leales a nuestra marca.

Algo que parece tan obvio es a menudo ignorado por las empresas (aún las más grandes), que lanzan grandes proyectos de innovación con el único objetivo de tener un nuevo argumento de venta o ganarle a la competencia. Pero como en tantos aspectos del negocio, aquí la palabra que cuenta es la del cliente.

Pequeños grandes cambios

Esta estrategia, que los expertos definen como “innovación incremental”, debe arrancar con el análisis de cuál es el problema o “dolor” que sufren nuestros clientes actuales o potenciales. Esto puede estar relacionado con algo tan sencillo como la forma en la que una persona puede hace un pago, o pide un reembolso de dinero.

¿Cómo detectar estas oportunidades para innovar?

Esa información podemos encontrarla en los reportes de las quejas de los consumidores, en comentarios en redes sociales o en el feedback que pueden darnos los vendedores o aquel personal en contacto directo con los clientes. Ten en cuenta que es muy importante crear mecanismos para poder acceder a esa información y poder analizarla.

Las posibilidades de mejora pueden ser enormes, así que lo más recomendable es concentrarse en las quejas puntuales y que causen mayor insatisfacción o enojo al cliente. Y que puedan resolverse en el corto plazo mediano plazo con una propuesta viable.

Una vez que hayamos desarrollado esa innovación en el producto o servicio, es fundamental validarla. Y eso significa que los clientes la prueben, confirmen si es o no relevante para ellos y nos den su opinión. Si están felices, eso tendrá un impacto real en los resultados del negocio. Si la novedad sólo entusiasma al CEO o al equipo de marketing, difícilmente veremos los resultados que esperamos.

Por último, una vez que el producto o servicio mejorado ya esté en el mercado, habrá que hacer mediciones. ¿Cuánto lo están comprando los clientes? ¿Están satisfechos con él? ¿Están dispuestos a pagar un poco más? Con esos datos en la mano, será entonces la hora de identificar un nuevo problema. Y seguir trabajando en las nuevas innovaciones que pondrán a nuestra empresa por delante de la competencia.

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