Cuando el negocio despega, muchos emprendedores sienten la urgencia repentina por empezar a delegar algunas de las funciones que desempeñaron desde el inicio de la operación. El problema es que no es algo que puedan hacer de un día para otro, ya que la mayoría de los empleados no estarán listos.

La explicación es sencilla: dos de las habilidades más escasas en los equipos son las de poder tomar decisiones y resolver problemas en forma autónoma. Y a diferencia del talento, son cosas que se pueden desarrollar con la práctica. Por supuesto, es un reto al que hay que dedicarle trabajo, tiempo y paciencia para lidiar con los primeros errores. Pero que puede significar un antes y un después en la productividad del equipo. Y aquí, de la mano de los expertos, te contamos cómo hacerlo.

1. Analiza en qué debes cambiar tú primero

Algunos de los errores más comunes en los que caen los emprendedores “todo terreno” son el micro management (es decir, ocuparse o controlar hasta las tareas más pequeñas), condenar el error de una forma desmedida y no trabajar en desarrollar una cultura de la colaboración. Para dar un primer paso firme hacia tu transformación, habla con un empleado de confianza, y pídele un feedback sincero sobre tu estilo de liderazgo y en qué podrías mejorar.

2. Empieza por delegar las tareas más sencillas, o que no tengan un impacto inmediato en los resultados

Para empezar a ejercitar el músculo de la autonomía de tu equipo, determina en qué parte de los procesos de operación no eres necesario. Y luego piensa quiénes podrían reemplazarte en determinadas funciones. Además, es importante que des órdenes claras y precisas, por lo que es clave que empieces a trabajar en la documentación de procesos.

3. Elimina los obstáculos

Cuando empieces a delegar, van a aparecer muchas cuestiones de la operación que están impidiendo que tus empleados puedan actuar por su cuenta ante un problema y, al final, entregar un mejor producto o servicio al cliente. Por ejemplo, quizá haya muchas quejas sobre los tiempos de entrega del área de logística, y que la razón sea que solo tú puedes autorizar un pago extra por un servicio de mensajería. Al momento de que tengas un panorama claro sobre cuáles son esas barreras, enfócate en eliminarlas.

4. Nunca respondas a un error o un fracaso con enojo

Esta conducta solo logrará frustrar y desalentar a aquellos empleados que se animen a tomar decisiones. No se trata de ignorar o minimizar lo que se hizo mal, sino por el contrario, de hablar abiertamente sobre lo que pasó, detectar cuáles fueron las fallas, analizar las consecuencias y pensar cómo podemos hacerlo mejor la próxima vez. Además, dar mayor libertar al equipo significa también que asuma otras responsabilidades y espere otras recompensas.

5. Sé exigente

Ser tolerante con el error no significa que los empleados puedan sentirse habilitados a no dar su máximo esfuerzo. Por el contrario, tener mayor autonomía significa que a partir de ahora serán responsables no solo de determinada tarea, sino también de sus resultados. Otro habilidad importante que tienes que impulsar entre tus empleados es el de analizar las cosas de manera más crítica. Y para ello, no hay que dar nada por sentado y hay que hacerse muchas preguntas, buscar otros puntos de vista y abrir la mente a otras opciones. Eso significa que frases del tipo “es que siempre lo hemos hecho de esta forma” o “no es mi culpa” ya no estarán permitidas en las juntas de trabajo.

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