Las fiestas de fin de año de las empresas son, en teoría, una oportunidad única para festejar los logros alcanzados y motivar a los empleados para los retos futuros. La realidad es que, en la mayoría de los casos, resultan eventos aburridos, al que la gente termina asistiendo más por obligación que por un deseo propio.

Entre las principales razones está la falta de planeación, o incluso de claridad sobre el verdadero objetivo del encuentro. De hecho, muchas veces estas fiestas están más pensadas para agradar al dueño o director general de la compañía que al equipo. Al final, resultan una pérdida de tiempo y dinero, e incluso terminan desmotivando más al personal.

¿Qué hacer entonces para que este año no nos vuelva a pasar lo mismo? Si estás en plenos preparativos del evento de tu compañía, no puedes dejar de tener en cuenta estos consejos.

Define el objetivo de la fiesta

Un evento de fin de año no puede tener como único fin que la gente se divierta, sino que es una oportunidad única para reforzar valores, motivar y unir al equipo. Haz un balance de lo sucedido en la empresa en los últimos meses y define qué es lo que te gustaría celebrar: ¿fue una temporada difícil y los empleados se comprometieron aún más con su trabajo?, ¿hubo un equipo en particular (por ejemplo, Finanzas) que alcanzó resultados extraordinarios y merece ser reconocido?, ¿o quizá la empresa cumple 25 años en el mercado? Una vez establecido este punto, piensa cuáles serán las actividades y detalles que te permitirán mandar un mensaje claro y contundente.

Haz que el empleado sea el verdadero protagonista

En este tipo de eventos, todo debe ser pensado en función de la satisfacción y gustos de los trabajadores, no de los altos ejecutivos. Esto incluye el lugar donde se celebrará la fiesta, el tipo de comida que se va a servir, la música que se va a escuchar, o qué tipo de espectáculo se va a contratar. Lo más práctico en estos casos es armar un comité organizador en el que participen miembros de diferentes áreas de la compañía, y que puedan dar su opinión sincera sobre todos estos puntos. Atención: la información sobre celebraciones anteriores pueden ayudarnos a evitar caer en los mismos errores año tras año.

Rompe las jerarquías

En México, es común que los directivos no tengan un contacto directo con el resto de los empleados, y las fiestas de fin de año no suelen romper con esta tradición. No dejes pasar esta oportunidad para que el dueño y su equipo más cercano conviva con los trabajadores, y una buena forma de hacerlo es distribuirlos en diferentes mesas. Para evitar la tensión propia de estas situaciones, asegúrate de dar también un lugar a un empleado que tenga una relación más cercana con los jefes, para que rompa el hielo inicial, y establece una regla clara: durante la celebración, está prohibido hablar de trabajo.

Agradece, reconoce y desafía

Toda compañía enfrenta retos importantes, y seguramente no lograría sobrevivir sin el esfuerzo diario de todos los empleados. Las fiestas de fin de año son un momento único para recordar eso, pero también para distinguir a los trabajadores más comprometidos, e invitar a los demás a que sigan ese camino. Los premios son importantes (¿quién no estaría feliz de recibir una tablet o televisión?), pero lo que tiene el mayor impacto en las personas es ser reconocidas frente a sus superiores y sus compañeros por la máxima autoridad de la empresa. Por eso es importante que el dueño o director general tenga en cuenta este punto a la hora de redactar su discurso. Y por supuesto, que envíe un mensaje justo, claro y motivador.

No olvides el factor sorpresa

Uno de los mayores desafíos de un evento de fin de año es superar las expectativas de los empleados. No es una tarea fácil, pero ten en cuenta que si repites el formato año con año no harás más que aburrir a la gente. Con la ayuda del comité organizador, piensa en ideas novedosas, y no necesariamente costosas. Por ejemplo, ¿qué tal si en lugar de servir la típica comida de tres tiempos haces un evento al aire libre y contratas el servicio de tres o cuatro food trucks? ¿U organizas un concurso de baile? ¿Y si en vez de que el único discurso sea el del jefe, invitas a algunos empleados para que hablen del compañero que más los inspira? Opciones sobran, solo hay que dedicar tiempo para pensar en ellas, ser creativos y animarse a romper las reglas.

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