La diferencia es clara: un jefe da órdenes y espera resultados; un líder, en cambio, inspira, acompaña y es capaz de sacar lo mejor de los miembros de su equipo. Son dos estilos opuestos, que definen la esencia de una compañía y su clima laboral. Y que tienen un impacto directo en los resultados del negocio.

Los empleados son el oxígeno de una empresa. Su trabajo, sus ideas y su entusiasmo son los que la mantienen en movimiento y hacen realidad los planes de los dueños y altos ejecutivos y para ello, necesitan sentirse motivados por la misión y visión de la compañía, pero también por sus líderes. Al final, la gente no solo trabaja por dinero.

¿Pero cómo convertirse en un líder? Como explican los expertos, y en contra de la creencia común, lo que hace falta no es carisma, sino un compromiso real con el crecimiento profesional y personal de los empleados. Se trata de avanzar juntos, en una relación de confianza y respeto mutuos. Aquí te compartimos cinco claves para lograrlo.

1. Trata a tus empleados como si fueran tus socios

Un líder espera que los integrantes de su staff cumplan con su trabajo, pero también que puedan desarrollar sus talentos y alcanzar sus objetivos personales. Un trabajador no es alguien anónimo, es un ser único que también está escribiendo la historia de éxito de la empresa.

2. Conoce a tu equipo

¿Sabes quiénes son tus empleados? ¿Con qué sueñan? ¿Qué los preocupa? ¿Si se sienten realmente comprometidos con la misión del negocio? A medida que una empresa crece, es más difícil que el dueño tenga un contacto directo con los trabajadores. Por eso, es importante que desarrolles canales de comunicación y que el departamento de Recursos Humanos no sea tu única fuente de información.

3. Se claro en cuanto a tus expectativas

Para motivarse, un empleado necesita tener objetivos claros y saber qué se espera de él y por supuesto, sentir que su trabajo es valorado. Para ello, es necesario dar seguimiento al desempeño de cada miembro del equipo, y darles una retroalimentación periódica sobre sus logros, errores y oportunidades de mejora.

4. Practica el “Honor, a quien honor merece”

Muchos jefes caen en el error de no premiar a aquellos empleados que logran los mejores resultados, ante el temor de generar celos en el resto del equipo, y entonces enfrentan un gran peligro: perder a su mejor talento. En una empresa exitosa, la llamada meritocracia es necesaria. Aunque a veces no resulte políticamente correcta.

5. Se detallista

Quizá tu empresa sea demasiado grande para que puedas conocer el nombre de cada uno de sus trabajadores. Pero tu asistente puede enviarte cada día una lista de aquellos empleados que cumplen años, y a quienes puedes felicitar con una llamada o un e-mail. Como en las relaciones personales, en el trabajo los detalles también cuentan.

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