Está claro que hoy la gente ya no trabaja solo por dinero. Como explican los expertos, las personas necesitan sentirse satisfechas con su función, motivadas por su empresa y conectadas con su misión. Además, quieren tener la certeza de que cada día de esfuerzo significa un paso adelante hacia el logro de sus objetivos personales, como tomar vacaciones en familia o comprarse un coche.

El Salario emocional es un factor imprescindible para formar equipos de alto desempeño. Y a propósito del Día Internacional de la Felicidad, que se festeja el próximo 20 de marzo, te recomendamos tomarte el tiempo para analizar cuál es clima laboral en tu empresa, qué tan contentos están tus trabajadores y qué medidas podrías tomar para mejorar su nivel de bienestar.

Primeros pasos

Lo primero es definir cómo medir la felicidad de tus empleados

Los expertos en Recursos Humanos recomiendan deteminar de cinco a 10 parámetros, según el giro del negocio y el tamaño de la empresa. Por ejemplo: el nivel de ausentismo, el porcentaje de rotación, la participación en iniciativas internas (por ejemplo, una mayor limpieza y orden en las oficinas), la calidad de la comunicación o la capacidad de resolver problemas sin conflictos. Para obtener esta información, puedes apoyarte en los datos objetivos proporcionados por el área de Recursos Humanos, en encuestas y en entrevistas cara a cara.

Debes tener en cuenta que es fundamental que todos los datos sean confiables, y la información honesta. Para ello, debes asegurarte de que los empleados se sientan seguros de que no recibirán ningún tipo de represalia por expresar su opinión, por lo que lo mejor es que las primeras encuestas generales sean anónimas.

Define un grupo de prueba

Con un diagnóstico sobre el nivel de felicidad en la empresa, llega el momento de tomar acción sobre aquellos factores que están afectando el bienestar y la productividad de tus empleados. Por ejemplo, si hay una queja recurrente sobre la ubicación de las oficinas y el tiempo que los trabajadores tardan en llegar, entonces podrías pensar en la posibilidad de que algunos hagan home office uno o dos días de la semana.

Una vez que tengas identificados cuáles podrían ser estos “disparadores” de felicidad, hay que ser cautos en su aplicación. Los especialistas recomiendan arrancar con un grupo pequeño de empleados, determinar un período de prueba, medir los resultados y luego compararlos con los del resto de los trabajadores durante el mismo lapso de tiempo.

¿Cuáles deberían ser esos indicadores?

Los mismos cinco a 10 que definiste al inicio del proceso. Por ejemplo, podrías descubrir que los trabajadores que pueden trabajar desde su casa dos días por semana entregan sus proyectos a tiempo, cuando el promedio de retrasos es de tres días. O que aquellos que accedieron a un descuento para ir al gimnasio no se enfermaron en ningún momento, no registraron ninguna falta e incluso mejoraron su estado de ánimo y nivel de participación.

Tanto los sistemas de medición de la felicidad como los programas de bienestar que se apliquen deben ser desarrollados por un profesional, por lo que te recomendamos que no tomes este tipo de iniciativas a la ligera. Siempre van a significar una inversión de tu tiempo y de los recursos de la empresa, así que si estás decido a llevarlo adelante es mejor que lo hagas con la idea no solo de aumentar la productivdad, sino también de recuperar esa inversión.

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