Trabajar de manera independiente o como freelance es una buena manera de iniciar un negocio. Ya sea que vendas productos o servicios, permite iniciar de a poco y con una inversión pequeña, trabajar desde casa y comprobar la demanda real del mercado con menos riesgos. También presenta un reto importante: fijar un precio o tarifa que nos permita ser competitivos, pero también generar proyectos rentables.

Un freelancer suele sentirse dividido entre dos alternativas: cobrar por lo que realmente vale su trabajo, pero no quedarse afuera del mercado. Por supuesto, también cuenta la presión por generar ingresos, sobre todo cuando recién arrancamos, o trabajamos con colaboradores.

Esta situación puede llevar a muchos emprendedores o profesionales independientes a cometer errores como no cobrar por algunos servicios, o pasar por alto algunos costos de producción. Esto, al final, termina afectando la rentabilidad de los proyectos, y la posibilidad de generar negocios de alto impacto. ¿Qué puntos deberías tener en cuenta para que esto no te suceda, y cómo deberías informar sobre estos cargos adicionales tus clientes? Esto es lo que necesitas saber.

1. Juntas recurrentes

Si tienes que reunirte con tu cliente durante más de dos horas a la semana, o incluso tener conferencias prolongadas vía Skype o alguna otra plataforma, necesitas ponerle un precio a este tiempo. De lo contrario, estarás trabajando gratis. Es un cargo que puedes incluir en la cotización final de un proyecto, o de manera diferenciada siempre que tu cliente esté de acuerdo, y sepas explicarle cuál es el valor de tu tiempo.

2. Traslados y viáticos

Los pasajes en avión o por vía terrestre, los taxis o las estadías en un hotel son gastos que pueden volver inviable cualquier contrato si salen del presupuesto de una empresa pequeña. Determina con antelación cuáles son las condiciones para que te traslades a otra colonia, ciudad o país, y cuáles son los costos asociados. Y también pon un precio al tiempo que tardes en llegar a un lugar y que pases fuera de la oficina.

3. Entregables iniciales

Con tal de ganar un proyecto, un diseñador puede enviar un borrador de un logo, o propuestas concretas para el rediseño de una marca. O en el caso de un especialista en marketing digital, compartir en su presentación información valiosa sobre qué funciona en las redes sociales. ¡Hay que tener cuidado con entregar valor que luego pueda ser aprovechado por un cliente deshonesto! Por eso, a la hora de cotizar un proyecto, informa con claridad cuál será el ciclo de producción y los procesos implicados. Y pon un precio a cada etapa.

4. Cambios y revisiones

Todos los ajustes de un proyecto, ya sea para la fabricación de un producto o el desarrollo de un servicio, necesitan ser cuantificados. No solo para que resulten viables para el emprendedor desde el punto de vista económico, sino también para poder avanzar sin complicaciones. Por ejemplo, si editas video, puedes establecer que luego de aprobado el guión solo se pueden introducir tres cambios en la estructura narrativa, y poner un precio extra a cada modificación adicional.

5. Pagos retrasados y cancelaciones

En estas situaciones, es importante que apliques cargos extras y multas. Y por supuesto, que especifiques estas condiciones en los contratos u órdenes de compra que firmes con tus clientes. Este punto es especialmente importante para aquellos freelancers que trabajan con grandes empresas, que suelen pagar más allá de los 30 días y que podrían poner en riesgo la salud financiera de un negocio.

De estos puntos, ¿cuáles has dejado pasar sin cobrar? ¿Te ha beneficiado?

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