Con el avance del trabajo remoto –y gracias a las innovaciones tecnológicas que lo permiten–, las empresas han encontrado una nueva oportunidad para bajar costos de operación y permitir que sus empleados eviten trasladarse grandes distancias en las ciudades. Sin embargo, esto no siempre se traduce en una mayor eficiencia: los procesos de trabajo, la comunicación y los hábitos cambian radicalmente, y la realidad es que no todos los colaboradores están preparados para adaptarse a la nueva dinámica.

Si estás al frente de un equipo que trabaja de manera remota, tienes que empezar por volverte más disciplinado con tus propias tareas. Y luego, aplicar algunas reglas para que, aún a la distancia, los empleados se sientan igual de motivados y comprometidos con su trabajo y su aportación a la empresa. Hay tres que resultan clave, y son las siguientes.

1. Comunícate todos los días con tu equipo

Esto es fundamental para el avance de cada proyecto. Porque en una oficina, podemos hacer preguntas a los empleados en cualquier momento, incluso de manera informal; pero cuando nos separan kilómetros de distancia, hay información vital que puede perderse y convertirse en fuente de futuros conflictos.

Así que define qué mecanismo vas a utilizar para mantenerte al día del trabajo de cada uno de tus colaboradores. Por ejemplo, puedes hacer un conference call al inicio de cada jornada laboral, con una agenda definida de temas para hacer la reunión lo más eficiente posible. O puedes programar un encuentro semanal en persona, y monitorear los avances diarios a través de una aplicación de trabajo colaborativo como Asana o Trello. Lo importante es que los empleados se sientan monitoreados y acompañados, y sobre todo que sientan que tienen el espacio para avisar sobre algún problema o pedir ayuda.

2. Define objetivos semanales y mensuales

Muchos jefes que trabajan de manera remota se vuelven tan controladores que terminan afectando una de las principales ventajas de esta modalidad: la posibilidad de manejar un horario propio. Pero la alternativa a esto no puede ser el caos, sino un control “inteligente”, en el que cada empleado tenga claridad sobre cuáles son sus entregables y cuáles son sus fechas programadas.

Así que al inicio de cada semana y cada mes, y de acuerdo al plan estratégico de cada área de la empresa, envía por escrito a los miembros de tu equipo un recordatorio sobre cuáles son las metas que tienen que alcanzar y en qué tiempos. Es importante que esta comunicación quede documentada, para evitar malos entendidos y confusiones. Y en lo posible, envía además un recordatorio uno o dos días antes de la fecha límite de entrega.

3. Genera un espacio para la creatividad y la colaboración

Cuando se trabaja de manera remota, una de las cosas que se pierde es el intercambio natural de ideas acerca de cómo solucionar un problema, aprovechar una oportunidad o mejorar un proceso. Y esas charlas no se dan solo en las juntas de trabajo, sino también durante la comida o mientras se toma un café.

Esos momentos de colaboración espontánea y creatividad son vitales para la innovación. Y para recuperarlos, tienes que agendar encuentros personales entre todos los miembros del equipo. Puede ser en la oficina, pero también en una cafetería, en medio de un evento del sector, o incluso en un parque, al aire libre.

Estos momentos también son importantes para dejar en claro al equipo la importancia de su aportación individual para la empresa y sus planes de crecimiento.

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