Poder decir “soy mi propio jefe” es un sueño cumplido. Y cuando lo alcanzamos, experimentamos sentimientos de satisfacción, felicidad y euforia. ¡Nada puede detenernos! Pero a medida que pasan los meses y los años, y empiezan a aparecer problemas serios, o los resultados no son los esperados, nuestro estado de ánimo puede verse seriamente afectado.

Este es un tema que no deberías descuidar, sobre todo en este año tan difícil e inesperado. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), unas 300 millones de personas (alrededor del 5% de la población mundial) sufre de depresión. Y de acuerdo a otros estudios, entre los emprendedores y empresarios Pyme, esa tasa es mucho mayor.

Sufrir de ansiedad y depresión (dos estados emocionales que están íntimamente conectados), es mucho más que sentirse abrumado por una situación, triste o desganado. Es algo que puede hacerte perder el sentido de la vida, causarte serias dificultades para levantarte cada mañana, afectar tu productividad en la empresa y dañar tus relaciones personales. Y en los casos más extremos, llevar al suicidio.

Si bien todos podemos pasar por estados de ánimo complicados, los que están al frente de un negocio están más expuestos por las siguientes razones:

  • El riesgo financiero y patrimonial que significa no tener un empleo e ingreso fijo
  • La responsabilidad ante socios, empleados y proveedores
  • La excesiva carga de trabajo (los emprendedores suelen trabajar durante más de 12 horas por día durante los primeros años de la empresa)
  • La falta de tiempo para hacer ejercicio, divertirse y tomar vacaciones
  • La soledad del emprendedor
Luces rojas

Si crees que podrías tener depresión y ansiedad, o que alguno de tus empleados podría estar pasando por eso, los expertos recomiendan tener en cuenta estas señales de alarma:

  • Sentirse triste de manera constante, durante varias semanas.
  • Tener un mayor grado de irritabilidad.
  • Experimentar dificultades para resolver tareas sencillas.
  • No poder tomar decisiones importantes.
  • Perder el interés en las cosas que te gustan (hacer ejercicio, leer, cocinar, etc.)
  • Experimentar cambios extremos en el apetito (o comer en exceso, o no comer nada).
  • Sufrir insomnio.
  • No poder socializar.

De acuerdo a la personalidad de un individuo, y a las dificultades por las que esté atravesando, la gravedad de estos síntomas puede variar. Lo importante es detectarlos a tiempo, y tomar las acciones necesarias para que el estado permanente de estrés y angustia no termine con tus planes empresariales y personales. O los de los miembros de tu equipo, que son tan importantes para ti.

Ante la menor duda, habla con alguien de tu confianza (tu pareja, un familiar o un amigo). Expresar nuestros sentimientos es el primer paso hacia la salud mental y emocional. Luego, tómate unos días fuera de la empresa, para recuperar la calma y el eje, y disfrutar tiempo con tus seres queridos.

Y por supuesto, busca la ayuda de un especialista, que te dé un diagnóstico claro y con el que puedas iniciar una terapia de mediano y largo plazo. Es importante que entiendas que la ansiedad y la depresión no se curan de un día para otro, que son enemigos silenciosos, y que no hay proyecto posible si no disfrutamos de una salud integral (física, mental y emocional).

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