Networking: cómo pasar de odiarlo a amarlo

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“Muchas gracias por la invitación, pero no tengo tiempo de ir a eventos”

“Creo que el networking es una pérdida de tiempo”

“Realmente creo que no tengo ninguna habilidad para socializar”

¿Alguna vez te has escuchado a ti mismo decir alguna de estas frases? Si tu respuesta es afirmativa, seguramente estás en el grupo de personas que asegura odiar el networking. Pero la realidad es que, si estamos al frente de un negocio, esta es una práctica que no podemos ignorar. La buena noticia es que puedes no solo aprender esta habilidad, sino que también puedes llegar a amarla. En la actualidad, el networking es vital para generar más oportunidades de negocios, conseguir más clientes y acceder a más recursos para el crecimiento y la innovación en la empresa. Además, ayuda a generar redes de contención más fuertes, aumenta nuestro nivel de satisfacción como empresarios y confiere una mejor salud mental. Pero incluso a pesar de lo evidente de estas ventajas, muchos emprendedores relacionan esta práctica con conceptos como “falsedad”, “incomodidad” o “pérdida de tiempo”. Si te identificas con esta postura es momento de tomar acción y pasar de odiar a amar el networking. Porque si te reconoces, por ejemplo, como una persona introvertida, pero te animas a cambiar tu perspectiva, podrás encontrar en esta actividad muchos aspectos disfrutables como ser más capaz de aprender de otros o de compartir tu punto de vista sobre un tema importante para ti. Veamos cuáles son las estrategias que te ayudarán a experimentar ese cambio de mentalidad.
#1. Baja las barreras (y las expectativas desmedidas)
Por supuesto, si eres introvertido o si has tenido experiencias negativas con el networking, no puedes pretender cambiar tu mentalidad de un día para otro. Pero, como explican los expertos en desarrollo personal, sí puedes modificar tu motivación; es decir, las razones que llevan a las personas a amar u odiar la interacción con los otros —y esto aplica también para las relaciones personales—. Vamos a explicarlo de la siguiente manera. Si no te gusta invertir tiempo en conocer a otras personas, tienes lo que los psicólogos definen como una mentalidad de prevención. Tienes las barreras altas, eres desconfiado (posiblemente porque te lastimaron o defraudaron en el pasado) y cuando socializas lo haces por obligación. Entonces, para pasar a una mentalidad de promoción debes enfocarte en tu crecimiento y en el impulso, en los nuevos conocimientos y en las habilidades que necesitas de los demás para lograrlo. No con una mentalidad utilitaria, sino de colaboración mutua. Por supuesto que no faltarán las decepciones y las experiencias impositivas, pero, cuando hay aprendizaje, al final, por añadidura el saldo siempre es positivo. Así que la próxima vez que te inviten a una reunión, puedes pensar “qué flojera, voy a tener que fingir que me interesa participar de las charlas y luego ver qué invento para irme temprano”. O animarte a cambiar tu perspectiva con frases como “seguro conozco al menos a una persona interesante” o “algo nuevo voy a aprender”. Enfócate en la experiencia del momento, y no tanto en lo que vas a obtener.
#2. Enfócate en crear relaciones significativas
Uno de los problemas del networking es que muchos emprendedores creen que se trata de un concurso de popularidad; por lo tanto, solo se enfocan en reunir la mayor cantidad de contactos en el menor tiempo posible. ¿Y cuál debe ser en realidad su objetivo más importante? Forjar relaciones de negocios significativas que tengan impacto en el negocio, pero también en nosotros a nivel personal. Seguramente en los últimos años has conocido a muchas personas que te impulsaron porque contrataron tus servicios, te dieron un consejo útil o te abrieron alguna puerta. La clave de ese tipo de relaciones no es la generosidad ni la bondad del otro, sino la alineación de objetivos e intereses, en un esquema ganar-ganar: de eso se trata. Considera que las redes de contactos más poderosas no se forman por interacciones casuales, sino a través de un esfuerzo continuo por detectar personas con las que podemos colaborar; así como por iniciar y mantener conversaciones con ellas. Una buena manera de lograrlo es participar de iniciativas que quizá no tengan que ver directamente con el negocio, pero sí con causas o actividades que nos apasionan. Por ejemplo, un club de lectura, una actividad de voluntariado y, por supuesto, un comité en alguna cámara empresarial. Los estudios demuestran que las personas pueden establecer conexiones significativas y duraderas cuando trabajan en actividades que requieren la participación de muchas personas.
#3. Piensa en lo que tú puedes aportar
Para pasar de odiar a amar el networking también tenemos que aprender a valorar lo que nosotros podemos aportar a los demás, más allá de lo obvio de un buen producto o servicio. Y esto puede resultar más difícil de lo que imaginamos, puesto que muchos emprendedores están convencidos de que tienen poco que dar. Por ejemplo, porque recién fundaron su empresa, les ha ido mal con otro negocio o no tienen tantos contactos para ofrecer. Mas recuerda que todos tenemos algo que ofrecer a los otros: a veces, simplemente a través de…
  • La capacidad de escuchar y de tratar de entender un problema
  • Una experiencia propia
  • Un consejo bien intencionado
  • Un contacto personal
  • Del título de un libro
Sucede que la mayoría de nosotros tiende a pensar de una forma demasiado limitada respecto a los recursos con los que contamos: solo pensamos en cosas tangibles como el dinero, el acceso al encargado de compras de una multinacional o un dato sobre una maquinaria en descuento… Ignorando así activos menos obvios, pero igualmente valiosos, como el aliento, la empatía, la contención emocional o la gratitud. Así, cuando te enfocas más en lo que puedes ofrecer a los demás que en lo que puedes obtener de ellos, hacer networking se vuelve más natural y desinteresado, por lo que nos cuesta menos practicarlo.
#4. Conéctate con un propósito más grande
El último paso para pasar de odiar a amar el networking es pensar en los beneficios colectivos de esta práctica y dejar de pensar solo en los individuales. Veamos un ejemplo concreto: en vez de imaginar cómo tener nuevos contactos puede ayudarte a ganar más dinero, imagina cuántos puestos de trabajo más podrás crear o en los nuevos productos y servicios que podrás lanzar al mercado para ayudar a tus clientes. Este cambio de perspectiva es especialmente útil para aquellos que viven el asistir a un evento como una pérdida de tiempo, y que incluso sienten culpa por no estar presentes en la empresa trabajando codo a codo con sus colaboradores. Al final, cualquier actividad se vuelve más placentera, e incluso atractiva, cuando nos enfocamos en un objetivo más grande. Esta táctica también ayuda a que personas tímidas se animen a dar entrevistas en medios de comunicación o a publicar reels y videos en redes sociales. Para que ya no lo perciban como un ejercicio de ego o de autopromoción, sino como un esfuerzo para dar visibilidad a la misión de la empresa o al esfuerzo que hacen todos los días los colaboradores para dar la mejor atención al cliente.

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