5 riesgos que enfrenta un negocio y cómo manejarlos

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Hacer negocios siempre tiene un nivel de riesgos que debemos considerar. Pero atención: ¡la opción no puede ser nunca evitarlos a toda costa! Ya que de esa manera no podremos tomar ningún tipo de decisión para el crecimiento de la empresa.

Entonces, siempre tendremos que enfrentar un número de riesgos calculados que nos ayuden a innovar, a ganar nuevos clientes y a incrementar la rentabilidad. ¿Qué hacen los emprendedores y empresarios más exitosos? Los identifican, los miden y aprenden a manejarlos para asegurar la salud del negocio. Por ello, aquí te contamos cómo puedes hacerlo tú también.

1) Riesgos operativos

Están relacionados con la actividad diaria del negocio, por lo que si no son tomados en cuenta pueden atentar contra la rentabilidad y, en los casos más graves, contra la supervivencia de un emprendimiento. Son los primeros riesgos a considerar, sobre todo si tu negocio está en una fase inicial y aún estás definiendo procesos. Por ejemplo, los del área de administración y contabilidad que gestionarán los ingresos y los pagos, o los del piso de fábrica.
Algunos riesgos operativos son controlables, pero otros tienen que ver con factores externos a la compañía; como en el caso de la pandemia del Covid-19 o los fenómenos meteorológicos.

Ejemplos: errores de facturación, robos de mercadería durante los traslados, mala calidad de las materias primas, inundaciones y tormentas.

Acciones para manejarlos: desarrollar planes de contingencia para cada situación (por ejemplo, tener contactos con empresas que rentan espacios de oficina en caso de problemas en el edificio o definir procesos de trabajo remoto); armar un fondo para casos de emergencia; entrenar a los colaboradores para que conozcan los riesgos involucrados con su trabajo y sepan cómo minimizarlos

2) Riesgos de ciberseguridad

El mayor acceso a Internet y a otros canales de comunicación y ventas es, sin duda, una de las grandes ventajas de las que hoy disfrutan las pequeñas y medianas empresas. Pero también es cierto que, a medida que generan y comparten más información sensible sobre sus operaciones, están más expuestas a los ataques de los hackers.

Recuerda que tanto los clientes como los proveedores esperan que sus datos estén protegidos ante cualquier tipo de ataque informático que pueda afectar la credibilidad del negocio.

Ejemplos: robo de contraseñas, robo de datos bancarios y de tarjetas de crédito, compras fraudulentas, re-dirección a páginas Web falsas y engañosas donde se solicita información personal.

Acciones para manejarlos: invertir en programas de seguridad que permitan detectar y bloquear amenazas, encriptar la información sensible, contratar servicios de almacenamiento de datos en la Nube que sean confiables, capacitar a los empleados en prácticas básicas para el manejo de sus computadoras y herramientas de comunicación, como el correo electrónico y el WhatsApp.

3) Riesgos financieros

Impactan básicamente en el flujo de efectivo y la capacidad de la empresa para hacer frente a sus compromisos, como el pago a los proveedores o de la nómina, o de las cuotas de un préstamo.

Los negocios con costos operativos elevados, o con un gran nivel de endeudamiento, enfrentan un riesgo financiero mayor. También los negocios que trabajan con proveedores externos, los que cotizan sus productos y servicios en moneda extranjera o los que aceptan pagos en cuotas por parte de sus clientes.

Ejemplos: una devaluación de la moneda local, inflación y encarecimiento de los insumos, incumplimiento por parte de los clientes en el pago de las cuotas de un crédito otorgado por la empresa.

Acciones para manejarlos: trabajar con presupuestos dinámicos, efectuar un ajuste periódico según los cambios de escenario; mantener una operación “delgada” y costos bajos; contratar créditos con bajas tasas de interés; no caer en retrasos con las herramientas de financiamiento más costosas, como las tarjetas de crédito corporativas.

4) Riesgos legales

Un negocio enfrenta este tipo de riesgos en varios frentes. De inicio de tipo laboral en la relación con sus empleados. También cuando hay un incumplimiento en las cláusulas de un contrato que se firmó con un proveedor, un cliente o un inversionista.

Además, hay que contemplar los riesgos legales relacionados con las leyes o regulaciones relacionadas con la actividad de una empresa; o con la atención de consumidores que están protegidos de manera especial, como en el caso de los servicios financieros.

Ejemplos: demandas por contaminación de flujos de agua o de suelos, presentaciones de consumidores ante organismos como la Procuraduría Federal del Consumidor (Profeco), juicios laborales por accidentes laborales.

Acciones para manejarlos: contratar a un despacho externo de abogados que hagan un mapa de riesgos legales y estén listos para brindar asesoría y atender cualquier conflicto; invertir en plataformas tecnológicas como las de nómina que calculen con exactitud los días de salarios, vacaciones u otros beneficios que se tengan que abonar a los colaboradores, invertir en sistemas y softwares de seguridad industrial y laboral.

5) Riesgos de reputación

Por último, una de las responsabilidades más importantes de cualquier dueño de un negocio es proteger la buena imagen y reputación de la marca: un activo que puede verse en peligro por riesgos como fallas en los productos o servicios; la publicación de opiniones negativas y quejas por parte de los consumidores; campañas de desprestigio a través de medios de comunicación y redes sociales; o la filtración de noticias negativas, como problemas entre los accionistas.

Las crisis de reputación no deben ser minimizadas ni ignoradas, porque pueden provocar la pérdida de clientes, ingresos y hasta proveedores.

Ejemplos: viralización de posteos de un cliente enojado con la marca; filtración a los medios de la mala situación financiera de la empresa o de conflictos con los proveedores; retiro de productos del mercado por fallas en su fabricación o amenazas potenciales a la seguridad de los consumidores.

Acciones para manejarlos: tener un equipo calificado y comprometido de atención al cliente; generar procesos claros para que el personal pueda ofrecer soluciones concretas, como devoluciones de dinero o envíos de nuevos productos; incorporar herramientas de social listening para monitorear las opiniones de los clientes y usuarios en tiempo real.

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