Un logotipo es mucho más que una combinación de letras, formas y colores. Es la carta de presentación de una empresa, y dice mucho acerca de su giro, misión y estilo. Es un elemento de comunicación clave, que utilizamos en la papelería del negocio, su sitio web, escaparates y cualquier mensaje de marketing.

Como muchas cosas en la empresa, un logo puede perder vigencia. Quizá al inicio no tuvimos mucho dinero para contratar a un buen diseñador y resolvimos ese pendiente con la ayuda de un amigo. Y hoy, nos parece demasiado sencillo, o simplemente necesita evolucionar para adecuarse al estilo actual de comunicación. Ten en cuenta que las tendencias en diseño también cambian en forma acelerada, y eso incluye las tipografías, los colores y los tonos.

Si el logotipo de tu empresa cumplió más de 10 años, quizá necesite un cambio. A veces puede ser radical, en otras bastará con un retoque en los colores o la estructura. El primer paso es tomar acción ante las señales de que hace falta una renovación. Y son las siguientes.

1. El logotipo parece de otra época

A menos que tengas la clara intención de que la imagen de tu negocio sea retro, un estilo que remita a la década de los ochenta no te ayudará a transmitir tu mensaje. Si se trata de una empresa de muchos años, y con un giro tradicional, es importante que el diseñador conserve algunos elementos clave para que el nuevo logo no confunda a la clientela actual.

2. Nadie identifica al logo con tu empresa

Esto puede significar un gran problema a la hora de generar leads de ventas y, sobre todo, diferenciarte de la competencia. Antes de empezar a trabajar en el nuevo diseño, es importante detectar las causas de la indiferencia de tu audiencia objetivo. Pregúntate: ¿mi logo se parece al de alguno de la competencia?, ¿refleja la personalidad y visión de mi negocio?, ¿cómo se conecta con las aspiraciones y los gustos de mi audiencia objetivo actual?

3. El logo no transmite un mensaje claro

Para cumplir con su objetivo, este elemento debe ser único y original. Pero usar letras raras, capas de colores superpuestos y texturas extrañas pueden terminar confundiendo a la gente. Lo más importante de un logo no es que sea bonito, sino que cumpla con su función: transmitir quién es tu empresa y qué hace. Por eso, cuanto más simple en su forma y más económico en la cantidad de elementos, mejor.

4. No funciona en las plataformas digitales

Un logo visible en una impresión en papel no siempre logra lo mismo en Facebook o Instagram. Quizá los colores son muy apagados, o tiene un encuadre negro que “mancha” las fotografías que quieres compartir con tu comunidad. Analiza con la ayuda de un diseñador qué cambios hace falta incorporar, y pídele que te entregue el nuevo diseño en diferentes formatos, según los requisitos de cada red social.

5. No refleja la evolución de la empresa

Quizá tu compañía pasó por muchos cambios en los últimos años: por ejemplo, incorporó nuevas líneas de productos, llegó a mercados internacionales y se volvió más global. Y el logo sigue hablando de un negocio pequeño, con una solo sucursal y atendido por sus propios dueños. En este caso no solo estarás perdiendo oportunidades de más ventas con tus clientes actuales, sino de llegar a nuevos segmentos de consumidores.

¿Consideras que tu logo actual necesita cambios? ¡Cuéntanos!

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