En un entorno cada vez más competitivo, donde los clientes son exigentes y los errores se pagan caro, cuesta generar y aplicar nuevas ideas. Sin embargo, si quieren sobrevivir, las empresas no tienen otra opción que apostar por lo inimaginable, por llegar a territorios desconocidos y hacer cosas que nunca se han hecho.

De esto se trata el moonshot thinking: de “disparar a la luna”, con una meta grandiosa y casi imposible de alcanzar. Pero que, de lograrse, puede asegurar a la empresa un éxito monumental. Es la filosofía detrás de los grandes emprendedores de la historia, como Jeff Bezos, Steve Jobs o Jack Ma, de Alibaba.

Incorporar esta mentalidad a la empresa tiene muchos beneficios. En primer lugar, invita a pensar “fuera de la caja”, a experimentar y a perder el miedo al fracaso. También enseña a convivir con la incertidumbre y a aceptar que, cuanto más grande es la apuesta, menores son las garantías de éxito. Y que solo los soñadores y los valientes son capaces de abandonar su zona de confort y lanzarse en la búsqueda de soluciones innovadoras y disruptivas.

De la teoría a la práctica

Para aplicar la mentalidad moonshot en la empresa, el primer paso que hay que dar es crear el espacio para que los empleados dejen fluir su creatividad, sin restricciones. Puedes por ejemplo abrir un taller de innovación, o crear un comité enfocado en encontrar soluciones para los dos o tres problemas más importantes que están frenando la expansión del negocio. Lo importante es que quienes participen se sientan libres de expresar sus ideas sin temor a ser censurados o criticados en público por sus jefes, o de causar problemas en la operación.

También es clave contar con la guía o el apoyo de un especialista en innovación, para que pueda orientar las sesiones de brainstorming e ir encauzando las diferentes propuestas. Y sumar, en caso de ser necesario, las herramientas adecuadas para pasar de las ideas a los primeros modelos o prototipos. En Garage Digital, el laboratorio de Google, por ejemplo, los empleados tienen acceso ilimitado a impresoras 3D o máquinas de coser. La idea es que la gente se enfoque en el resultado primero, incluso que se divierta, y que solo después piense de qué manera puede alcanzarlo.

Por último, los especialistas en esta metodología recomiendan fomentar el trabajo multidisciplinario, por lo que es importante armar equipos con colaboradores de diferentes conocimientos, habilidades y experiencias. Aunque suene raro, el punto de vista de un contador puede ayudar a un creativo a considerar una problemática desde otra perspectiva. Y viceversa. Después de todo, uno nunca sabe de dónde pueden salir las mejores ideas.

Ten en cuenta además que, como dueño del negocio, es importante establecer de entrada límites claros para los riesgos que se pueden tomar (por ejemplo, ¿qué cantidad de dinero la empresa está dispuesta a perder en unas pruebas de mercado?). Y también establecer métricas adecuadas para definir el éxito o fracaso de un proyecto, o al menos cuáles han sido los avances. Esto es fundamental para que la innovación se convierta en una práctica constante, y no en una ocurrencia que, ante la falta de resultados, sea rápidamente abandonada.

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