¿Qué es el liderazgo emocional?

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En algún momento, ser tu propio jefe significa también ser el jefe de otras personas. Porque si el negocio crece, entonces hay que empezar a delegar y a contratar empleados. Entonces, el “solopreneur” tiene que convertirse en líder y adquirir nuevas habilidades para el manejo de equipos. Por eso, hoy queremos contarte qué es el liderazgo emocional.

Se trata, en pocas palabras, de la capacidad del jefe (y en este caso, del dueño de un negocio) para detectar las necesidades emocionales de sus colaboradores y responder de la manera más adecuada ante ellas. Implica, por un lado, que el líder se conozca a sí mismo y pueda manejar sus propios sentimiento; y por otro, que a través de capacidades como la empatía y la comunicación pueda impulsar la motivación y el crecimiento de su equipo.

Este concepto está ligado al de inteligencia emocional, presentado por el psicólogo Daniel Goleman a mediados de los noventa. Además del control sobre las propias emociones, se requiere de habilidades adicionales, como la empatía, la capacidad de escuchar y de adaptarse a nuevas situaciones.

Por supuesto, el liderazgo emocional nada tiene que ver con el jefe “simpático” o “buena onda”, pero incapaz de manejar conflictos o de exigir resultados. Y si bien cada personalidad la ejerce de manera natural, es una habilidad que se puede aprender de la mano de un coach o entrenador.

Veamos primero algunos de los diferentes estilos del liderazgo emocional. Todos tienen características positivas y negativas, por lo que en principio ninguno es mejor que el otro. Identifica, como un primer paso, cuál es el tuyo.

El líder controlador

Es ese tipo de jefe que pone la disciplina y el respeto estricto por las normas en primer lugar. Suele explicar de entrada cómo se hacen las cosas, de forma precisa, sin temblarle el pulso para aplicar castigos y penalizaciones. Es un líder ideal para equipos nuevos, donde los roles todavía no están claros y para épocas de crisis en donde haya que tomar decisiones con rapidez. Su principal debilidad es que, en general, es un estilo que despierta rechazo entre los miembros del equipo.

El líder participativo

Le gusta tomar decisiones basado en las opiniones y en la experiencia de su equipo de trabajo. Esta táctica puede ser muy efectiva cuando la empresa se halla en un escenario complejo, cuyo diagnóstico requiere de diferentes puntos de vista. El lado B de este estilo de liderazgo es que, en culturas corporativas más verticalistas como la mexicana, puede ser visto como un signo de debilidad, donde además puede demorar la toma de decisiones.

El líder motivador

Es el que se enfoca en el crecimiento y la autonomía del equipo para que sea capaz de tomar decisiones por sí mismo y aporte soluciones creativas ante los problemas más difíciles. Si bien da instrucciones cuando es necesario, no impone un camino único. Trabaja de manera activa en la formación de un sucesor, ya que no se siente imprescindible ni tiene miedo de perder su puesto.

El líder referente

Más que como uno más del equipo, este tipo de jefe es considerado con un nivel de admiración y respeto superior. Por ejemplo, porque es el fundador de la empresa, porque tiene muchos años trabajando en ella o porque tuvo logros impresionantes en su campo de actividad. Es un líder inspirador y de gran visibilidad que marca el rumbo con sabiduría y su ejemplo diario de trabajo.

El líder entrenador

Es el que dedica tiempo y esfuerzo a la formación de su equipo y de una buena atmósfera de trabajo. Cree más en los logros conjuntos que en los individuales, así como en los lazos afectivos para el manejo de conflictos. Pero, ¡cuidado!, porque eso puede resultar desmotivante para los mejores talentos si no reciben las compensaciones adecuadas. Y también puede afectar la productividad general.

Ahora que ya sabes cuáles son los diferentes estilos de liderazgo emocional y cuál podría identificarse con tu manera de conducirte, analicemos cuáles son algunas de las prácticas habituales para cultivarlos.

1) Mantenerse siempre conectado con las emociones propias y las de los demás

Como ya mencionamos, la base del liderazgo emocional es la combinación del autoconocimiento y la empatía, pues esta simbiosis permite influir de manera positiva en los demás y manejar mejor sentimientos negativos, como el miedo al fracaso, la envidia o la agresividad.

2) Confiar en uno mismo, pero reconocer las propias limitaciones

Uno de los peores errores que podemos cometer al frente de un equipo es sentirnos superhéroe en los momentos de éxito, y un absoluto fracaso cuando hay dificultades. Trabaja en tu autoconfianza: comprende que no puedes ganar siempre, ni dar batalla en todos los frentes. Enfócate en tus tareas prioritarias, delega y pide ayuda cuando sea necesario.

3) Enfocarse en las soluciones, no en los culpables

¿Qué hacen los malos jefes cuando hay un problema? Buscan al responsable para exponerlo o castigarlo por su error; y, de paso, desentenderse del problema. En cambio, el líder emocional analiza fríamente la situación junto a su equipo, detecta la falla, comparte su punto de vista sobre qué hacer la próxima vez y da instrucciones precisas para evitar nuevas dificultades.

4) Dedicar tiempo de calidad a los colaboradores

Seguramente alguna vez trabajaste con un jefe que era excelente en muchos aspectos, pero que estaba siempre apurado y nunca tenía tiempo para reunirse contigo, escucharte y ofrecerte ayuda con algún problema, por pequeño que fuera. No caigas en ese estilo tan frío; mejor, muéstrale a tus colaboradores cuán importantes son para ti y para la empresa con tu tiempo y atención activa.

5) Mostrar tu lado humano

Por último, no confundas autoridad con distancia. El líder emocional sabe en qué momentos puede mostrarse vulnerable y debe de pedir ayuda, así como cuándo se espera que se ponga al frente de la situación y tome las decisiones más fuertes. Nadie espera que te comportes como un robot frente a tu gente, ni que tengas las respuestas adecuadas para todo.

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