Los costos del perfeccionismo y cómo evitarlo

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¿En algún momento has sentido la presión por ser perfecto? ¿O por hacer las cosas sin margen para el error o el más mínimo defecto? Si tu respuesta es sí, ¡no estás solo! En las últimas décadas, la tendencia al perfeccionismo ha aumentado significativamente, y con ella los sentimientos de insatisfacción y angustia entre la gente.

El problema de la obsesión por lo perfecto es que es irracional, ya que puede afectar a una persona aún cuando tiene éxito. Además, en el mediano y largo plazo esta patología puede terminar golpeando la autoestima, la motivación y el estado de ánimo.

En un entorno cada vez más competitivo e inestable, el perfeccionismo es algo que los emprendedores y empresarios no nos podemos permitir; mucho menos cuando tenemos personal a cargo y necesitamos de un equipo comprometido y motivado para alcanzar los resultados esperados. Pero, sobre todo, para aprender de los errores y crecer.

¿Cómo se manifiesta el perfeccionismo?

Como explican los especialistas, la obsesión por la perfección se manifiesta en el tipo de expectativas que tenemos, sobre quiénes las imponemos y qué efectos tienen. Detenernos a hacer este análisis es el primer paso para salir de esta trampa.

Por ejemplo, están las personas que orientan toda la exigencia hacia sí mismas, pues están convencidas de que cuanto más detallistas sean con su trabajo diario o sus proyectos, mejores resultados obtendrán. Si están al frente de un negocio pueden perder mucho tiempo en tareas inútiles y quedar más expuestas a sentimientos de vulnerabilidad, ansiedad y depresión ante un problema con un cliente; incluso cuando no tienen una responsabilidad directa.

Otro caso extremo es el de quienes trasladan esas expectativas demasiado elevadas hacia los demás, y terminan afectando su desempeño. Es el caso típico de los jefes autoritarios, que no admiten el más mínimo error, que ante un problema solo buscan culpables, que no están interesados en los comentarios o sugerencias de los demás y que no tienen ningún sentido de la autocrítica.

¿Qué hacer?

Si te reconoces en algunas de estas situaciones, ¡no te preocupes! Como ya mencionamos no estás solo. Un estudio realizado entre adultos jóvenes canadienses, estadounidense y británicos reveló que la tendencia al perfeccionismo creció más de un 30% en las últimas tres décadas. Entre otras razones, por la mayor exposición que tenemos a las imágenes idealizadas que viralizan las redes sociales.

Por supuesto, es mejor abandonar esta obsesión y trabajar con expectativas más realistas para disfrutar más del trabajo diario e incluso para ser más productivos. ¿Cómo lograrlo? Con estas estrategias sencillas, prácticas y muy efectivas.

#1. Redefine tus objetivos

Una de las primeras cosas que tienes que hacer es fijarte objetivos nuevos: que sean desafiantes, pero también alcanzables. Pensemos en un ejemplo muy común: las personas que, ante la inminencia de unas vacaciones en la playa, pretenden bajar de peso y moldear su figura en uno o dos meses. ¿Es posible eso? Por supuesto que no.

La mejor estrategia es trabajar con metas a corto plazo que requieran foco y esfuerzo, que sean medibles objetivamente. Por ejemplo, hacer una entrega de 10 pasteles a un cliente en determinada fecha. Si los productos cumplen con los estándares de calidad, es suficiente. Alienta además a los colaboradores, y a ti mismo, a disfrutar del camino, de los aprendizajes y de los logros.

#2. Reconoce los errores como parte del proceso

Si eres un líder perfeccionista seguramente tienes un alto grado de intolerancia al error. Esto no solo puede afectar el clima laboral, sino también la creatividad y la capacidad para innovar de tus colaboradores. Así que la próxima vez que surja algún problema, respira hondo y analiza la situación con calma. Luego, reúnete con los involucrados para tratar de entender lo sucedido entre todos; y así poder establecer qué pasos hay que tomar en el futuro para evitar que se repita.

Por supuesto, siempre hay que medir los riesgos y comunicar cuáles son los límites. Porque hay descuidos que pueden ser inaceptables; por ejemplo, porque facilitaron un robo o permitieron un fraude. Pero acá lo importante es que tus colaboradores entiendan que está bien equivocarse cuando uno trata de correr los límites, ser creativo, encontrar nuevas soluciones y darlo todo por los clientes.

#3. Nutre una red de relaciones sanas

En los momentos de dificultad los perfeccionistas tienden a aislarse: no soportan la crítica y mucho menos admiten que se equivocaron o que necesitan ayuda. Es justamente cuando nos exponemos a la mirada compasiva de los demás cuando podemos liberarnos de esa carga y entender que somos seres humanos con fortalezas y debilidades.

Para cultivar relaciones sanas, lo primero que necesita entender un perfeccionista es que los demás no están ahí para solucionarnos un problema, para darnos eso que necesitamos o para ganarles y confirmar que somos mejores. Por el contrario, la base de las relaciones sanas está en la empatía, en compartir experiencias y ayudarse. El contacto con los demás es el mejor antídoto contra la sobre exigencia, el agotamiento y el estrés.

#4. Aplica herramientas para controlar tus emociones

Los perfeccionistas son personas muy irritables: son capaces de pasar en segundos de la sonrisa al enojo y a la frustración. Y de terminar, luego de la explosión y los gritos, sobrepasados por los sentimientos de culpa y abatimiento. Si te reconoces en este tipo de conductas necesitas incorporar herramientas que te ayuden a enfrentar las situaciones de otra manera para saber qué hacer la próxima vez.

Por ejemplo, puedes recurrir a disciplinas como la meditación o la respiración consciente para bajar el nivel de ansiedad, pero también para practicar la paciencia y la autocompasión, para evitar caer automáticamente en pensamientos catastróficos. Con una mente en equilibrio la próxima vez que se presente un problema en el negocio podrás dar un paso atrás, analizar todo con objetividad, pedir ayuda y tomar decisiones desde una perspectiva más objetiva y positiva.

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